De dónde nace Ikigai eco

De dónde nace Ikigai eco

Desde pequeña he sentido una fuerte conexión con los animales y el mundo natural. Es a la naturaleza donde acudo para desconectar y reconectar. 

A pesar de eso, me costaba encontrar el equilibrio para vivir respetando el planeta.

 

El empujón que me faltaba llegó cuando me mudé a China por trabajo. Vivir y viajar por Asia me cambió en todos aspectos. Pasé por todas las fases hasta que fui moldeándome a un nuevo estilo de vida más sostenible. Viví en una parte de China más rural, donde los alimentos venían ‘frescos’ a tu mesa, es decir, las frutas y verduras estaban sin lavar cuando las comprabas y la carne y el pescado se mataban en la misma tienda. Siempre me había encantado la carne, y me daba rabia no ‘poder’ dejarla porque me sentía mal comiéndola. Pero allí no me supuso problemas. Ver el proceso de cómo se hacía mi filete de carne me hizo abrir los ojos. Allí, me pasé a una alimentación plant-based que tanto tiempo llevaba intentando conseguir.

Para mi, Asia fue un despertar.

Reconozco que los primeros meses en China sacaron mi lado de compradora compulsiva, en parte porque todo era baratísimo, y en parte porque tenía acceso momentáneo a infinidad de tontadas que me hicieron gracia en su día. Pero todo tiene un coste, aunque no sea directamente en tu bolsillo.

Estuve dos años viviendo en el sur de China, y solo vi el cielo despejado tres días. Sabías que el sol porque quemaba estaba ahí pero siempre estaba tapado por una espesa capa de contaminación. La contaminación del aire era muy alta debido a la industrialización de la zona. El jersey que me compraba tan barato, tenía un alto coste para el planeta (sin mencionar el coste humano y social en la mayoría de fábricas).

No es que haya dejado de consumir por completo, pero soy ahora mucho más consciente del proceso de producción de cada objeto que compro y lo que supone para el planeta, y entonces valoro si merece la pena.

Cuando terminé mi contrato de trabajo en China, viajé de mochilera por el sur de Asia. Intenté que el viaje fuese lo más sostenible posible, minimizando los viajes en avión y moviéndome con transporte público dentro y entre países.

A pesar de que me había preparado mentalmente para ello y, que ya era consciente de cómo estaba el tema de basuras en Asia, fue un viaje muy duro. Y fue así porque no quise cerrar los ojos. Puedes visitar muchos de esos países, visitar las zonas turísticas y ver paraísos. Pero si te adentras un poco más, y entras en su mundo, el plástico lo inunda todo. 

El problema en Asia es que el turismo en estos países se ha disparado, y para llegar a abastecer a todos turistas, se recurre a los plásticos desechables. Los países del sudeste Asiático se llenan de plásticos que provienen de diferentes partes del mundo, y esto ocurre igual en otros países no privilegiados.  No tienen recursos para deshacerse de esos plásticos y antes o después acabarán en nuestros océanos. Un bote, una bolsa o una pajita de plástico que has consumido en España tiene muchas posibilidades de acabar tirado en las playas o en el mar de alguno de estos países.

Recuerdo que en Vietnam cogí un kayak para recorrer la bahía de Ha-Long. La actividad duró 45 minutos y estuve cada uno de ellos recogiendo plásticos del agua. Si pensamos en Indonesia, nos vendrá a la mente Bali, y sus paisajes y playas de ensueño. Pero en el centro de la isla se apilan toneladas de plásticos y cero soluciones.

La realidad es que no por tirar algo a la basura o a reciclar desaparece. El plástico sigue ahí, en otro país o en el océano e independientemente de su destino, el problema es de todos.

El consumo y desperdicio de plástico de un solo uso se ha disparado tanto en los últimos años que ya no es suficiente pensar qué se puede hacer con el plástico generado. Nuestros océanos están tan cargados de microplásticos que la limpieza total es una utopía. Hay que profundizar en el tema y darle la vuelta al asunto. La solución al problema de los plásticos no está al final del proceso, está en su inicio y se necesita pararlos ya desde su producción.

Con esto en mente nace Ikigai eco. No busco hacerte sentir mal por consumir plásticos o forzarte a algo que aún no estás preparada/o para hacer. Ofrezco mi ayuda, mis consejos, los errores que he cometido (y aun cometo) y todos los recursos que me han ayudado a embarcarme hacia una vida sostenible.

Porque no somos meros pasajeros en este planeta. Podemos colaborar y formar parte del ecosistema de manera positiva. Podemos encontrar otra manera de vivir. 

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